La inteligencia es el mayor de los dones

El ajedrez siempre es resultado de un esfuerzo de raciocinio.


El ajedrez es un juego de táctica y estrategia que ejercita la inteligencia en función de una meta: capturar al rey del oponente. Inteligencia es la facultad cognitiva que busca, crea y relaciona.


Para el científico Allen Newel:

“Su función es relacionar dos sistemas independientes: el de los conocimientos y el de las metas.”

Así, durante una partida de ajedrez, el intelecto ejercita la creatividad y los conocimientos para alcanzar una meta: superar a un oponente que pretende lo mismo. Por eso medita, hace planes, busca medios, crea y establece metas.


El científico español Antonio Marina escribió:


“La inteligencia busca porque necesita encontrar… El hombre construye su inteligencia con arreglo a un proyecto… Sólo un proyecto creador suscita una inteligencia creadora… El conocimiento de la realidad es una de las funciones de la inteligencia. También es tarea suya inventar nuevas posibilidades y también en esta tarea se deja seducir desde la lejanía por la idea de la racionalidad.”

Desde el juego ciencia, el maestro Siegbert Tarrasch dijo:


“El ajedrez es una forma de producción mental que tiene su encanto peculiar. La producción intelectual es uno de las grandes satisfacciones, si no la mayor, al alcanza del hombre. No todos pueden componer una pieza musical inspirada o construir un puente, sin embargo, en ajedrez todo el mundo es intelectualmente productivo y por consiguiente, cada persona que lo practique puede experimentar una satisfacción.”

En tanto combate de ideas, el éxito en ajedrez nunca es un accidente; siempre es resultado de un esfuerzo de raciocinio.


El poeta, ajedrecista y libertador cubano José Martí dijo:


“La inteligencia da bondad, justicia y hermosura; como un ala, levanta el espíritu; como una corona, hace monarca al que la ostenta.”

Desde la simbología, toda partida de ajedrez representa el combate de la luz contra las tinieblas, del bien contra el mal. Las casillas blancas y negras figuran la alternancia del día y la noche.


En su tiempo, el poeta árabe Firduci dijo:


“La inteligencia/ es el mayor de los dones de Alá/ y celebrarla/ el mejor de todos los actos/. Dos caballos,/ uno blanco y otro negro,/ corren rápidamente el uno en pos del otro/ sin alcanzarse jamás:/ ¡El día y la noche!”


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